En el siglo XIX, gracias a sus lujosos salones con vistas a la Plaza de la Concordia y a su cercanía con el jardín de las Tullerías, el Palacio de la Marina, sede del Ministerio de la Marina y de las Colonias, era un lugar privilegiado para organizar magníficos bailes. Lujosos y elegantes, se realizaban para destacar la grandeza de Francia.

Pero, ¿cómo participar en un baile en el Palacio de la Marina sin cometer errores? ¡Lea nuestra guía!

La celebración del baile

Por lo general, alrededor de las ocho de la noche, los coches y carruajes dejaban a los primeros invitados en el patio principal del Palacio de la Marina. Subían por la gran escalera para llegar a un salón en la primera planta. Allí dejaban sus abrigos a sus sirvientes, que pasaban la velada esperándolos en las antecámaras.

A continuación, los invitados ingresaban en los salones de honor, donde un criado los anunciaba por su nombre y título. Luego, los hombres y las mujeres se dirigían a diferentes salones mientras esperaban que comenzase el baile. Para mantenerse ocupados, teníanmesas de juego a su disposición. Los bailes del Palacio de la Marina recibían a varios miles de invitados, y a los anfitriones les tomaba tiempo dar la bienvenida a todos los invitados.

El baile se realizaba en el gran salón, donde los invitados podían bailar o mirar a los bailarines desde bancos y sillones. Se servía un bufé para los invitados, y los sirvientes circulaban por los salones, ofreciendo bebidas. El champán, muy popular en ese momento, era la bebida preferida en estos eventos sociales.

Finalmente, a altas horas de la noche, se servía una cena para concluir la velada . Las comidas se servían en comedores separados. Allí los invitados comían sentados a la mesa,  disfrutando de una verdadera cena con varios platos. Al final de la comida, los sirvientes volvían a poner la mesa para un segundo servicio.

Durante el Segundo Imperio, la Emperatriz Eugenia, amante de los bailes, solía levantarse de su asiento alrededor de la medianoche, hacer una magnífica reverencia y dejar la fiesta. Era la señal para finalizar esas veladas, que a menudo terminaban alrededor de la 1 de la madrugada.

A finales del siglo XIX, durante la Belle Époque, la moda cambia. Las noches comienzan con una cena, con menos invitados. Durante la comida se servían sopas, pescados, supremas de ave, pavipollo, ensaladas, tentempiés de alcachofa, frutas y helados, acompañados de los mejores vinos. El baile en sí no comenzaba hasta alrededor de las diez de la noche, cuando la mayoría de los asistentes eran invitados a bailar.

 

¡A bailar!

A principios del siglo XIX, se bailaba principalmente la cuadrilla. Se trata de un baile muy codificado donde cuatro parejas de bailarines interpretan figuras predefinidas.

Bailarines, casi profesionales, iniciaban el baile. Eran especialmente elegidos para realizar bailes complejos con arabescos, saltos y movimientos de piernas. Luego se unían a la danza bailarines menos experimentados, que realizaban figuras más simples.

A finales del siglo XIX surge el vals, así como diversos bailes de salón como las polcas, las mazurcas y los galops. Se diferencian de las danzas de ballet, incluyendo a la cuadrilla, ya que se realizan en parejas.

 

La anécdota:

Jean-Étienne Despréaux, que ya daba clases de baile durante el reinado de Luis XV, fue convocado para enseñar a bailar a los jóvenes del séquito de Bonaparte durante los primeros bailes del Palacio de la Marina, durante el Consulado y el Imperio.

 

Vestidos para la ocasión

La moda evoluciona mucho durante el siglo XIX.Bajo el Imperio, las mujeres usaban vestidos en muselina o en seda blanca, de cintura alta, y con amplios escotes cuadrados. El estilo de peinado es el moño. Para protegerse del frío se usaban chales de cachemira o cuellos altos de piel.

 

Portrait de Joséphine de Beauharnais peint par Gérard François Pascal Simon

El vestido imperio: retrato de Josefina de Beauharnais pintado por Gérard François Pascal Simon

 

Bajo la Restauración, regresa el corsé. Los vestidos se ensanchan gracias a la crinolina, una prenda interior que soporta el peso de las enaguas, y las mangas se llevan abullonadas. Los sombreros y peinados son de gran tamaño y están cubiertos de plumas. Numerosos diamantes, perlas, lazos y cintas se adosan a los vestidos, pero también a los elaborados peinados. Gracias a los numerosos espejos de las salas de honor del Palacio de la Marina, los bailes refulgen con mil luces.

Por último, el accesorio imprescindible de la época: ¡el abanico de papel de china! Las damas de la alta sociedad son fanáticas de las "chinerias", muy de moda en su época.

Durante el Segundo Imperio, la silueta de la mujer cambia: la crinolina desaparece, los vestidos son más ajustados y su cola es más abultada, dando un perfil redondeado en la parte posterior.

Le costume féminin à la fin du XIXe siècle

La vestimenta femenina en el siglo XIX

 

Para los hombres, el siglo XIX marca el fin del uso de calzones y medias largas. Estos señores visten pantalón, redingote, chaleco y sombrero de copa. El negro se convierte en el color "de moda". El traje masculino es sobrio, para destacar la vestimenta femenina.

Durante el Segundo Imperio, los bailes de disfraces eran muy populares. Los invitados llevan máscaras. Los hombres se visten al estilo italiano y los vestidos de las mujeres evocan a personajes de la commedia dell'arte. Los colores y diversos motivos contrastan con la sobriedad de los trajes de baile "clásicos".

 

La decoración

Se tiene especial cuidado en la decoración durante los bailes del Palacio de la Marina. El personal desplegaba una gran cantidad de flores, que se colocaban en jarrones o se trenzaban en guirnaldas, colgadas en paredes y techos. Los salones se iluminaban con miles de velas.

Los grandes espejos de los salones de honor reflejaban las decoraciones doradas de las paredes, las llamas danzantes de las velas y la infinidad de flores. 

A partir de la década de 1890, el Palacio de la Marina estuvo iluminado eléctricamente, una innovación reciente y el colmo del lujo en su época.

Incluso hoy en día, los salones de honor del Palacio de la Marina sumergen a los visitantes en el esplendor de las grandes recepciones del siglo XIX, gracias al despliegue de dispositivos de mediación. Todavía podemos escuchar la música y ver a las parejas con trajes de época bailando el vals. ¡Para verlo personalmente visite el Palacio!